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A tomar por Cüller

30 Jul

Me he discutido con una cajera del Cüller (nombre ligeramente cambiado).
Normalmente son muy majas y simpáticas (en su mayoría viejunas y feuchas, pero la mar de amables). Sin embargo, hoy me ha tocado la torpe, no tan simpática (estupidilla, a mi modo de ver), eso sí, siempre manteniendo el Standard de viejuna y feucha (¿marca de la casa?).
Repasemos los hechos…
Tenía pensado salir a eso de las 10:30h (AM), para comprar unas cosillas que necesitaba de la droguería, recargar el saldo del móvil, mirar zapatos de fiesta (¡ja! en Inglopaff) y quizás, mirarme una blusa. Así que pensaba ir con el carrito (lo que significa desmontar la parte de abajo, bajarla por las escaleras asesinas, volver, meter al baby en el capazo, coger mi bolso, bajar al bebé en el capazo por las escaleras asesinas con sumo cuidado, montarlo todo una vez abajo y al fin, emprender camino). Pero entre una cosa y otra, se me han hecho las 11:10h, con el bebé llora que te llora. Así que he tenido que cambiar de idea sobre la marcha (con el chasis del carro ya en la puerta), meter al bebé en el portador de tela y ¡hala! a la calle, que el siguiente biberón lo reclamaría entre las 12h y las 13h.
Me he ido directamente a la drogueria Cüller, donde podía comprar todo lo que necesitaba (con el valor añadido de que, ¡venden chocolate!) e incluso recargar allí el móvil.
Para recargar el móvil en la droguería, has de coger una tarjeta con código de barras que hay en la cabecera de la caja. Las tienen de todas las compañías y de diferentes precios. Yo quería lo mínimo (ya me molesta que lo mínimo sean 15 euros, pero bueno) y solo tenían de 20. De todas formas, he cogido la tarjeta de 20, para preguntarle a la cajera si no podía recargarme sólo 15, ya que por alguna razón, no tenían colocadas las tarjetas de 15 euros.
Después de esperar un montón en la cola, de que abrieran otras cajas y todos se me adelantaran… Lo primero que he hecho ha sido sostener la tarjeta de 20 euros y preguntar amablemente:
– ¿Es posible recargar sólo 15 euros? Sólo necesito 15 y allí (señalando a la cabecera de la caja) no hay.
– Sí, claro – me ha respondido. – Hay que pagarlo a parte del resto de la compra.
– Sí, sí, ningún problema.
– ¿Quiere cambiar la cantidad, no?
– En efecto
Entonces se ha puesto a teclear en la caja, tardando un montón, quedándose bizca (del esfuerzo de pensar) a mí me estaba dando ya palo, pues había gente detrás mío en la cola y yo soy de las rápidas, siempre. Después de unos 5 minutos o más (en los que me ha dado tiempo a pensar, “bueno, si tan difícil es, me quedo con 20, aunque… Es posible que nos vayamos a otro país y no los llegue a utilizar nunca”, (¡si 15 euros ya me duran a mi 5 meses!), ha tecleado 20.
– ¿Esta segura de que su compañía es O2? (Me hace gracia que digan “O two”, cuando no tienen ni idea de inglés y, que yo sepa la compañía es alemana).

Sí, O2 es mi dichosa compañía.

Sí, O2 es mi dichosa compañía.


– Sí.
– Pues son 20 euros
– Pero si yo le he dicho que sólo quería 15 y usted me ha contestado que no había problema.
– Pero yo le he preguntado si estaba segura de que la compañía es O2.
– Es que así es, la compañía es O2, pero sólo necesito 15 euros.
– Pues no se puede devolver (con la cara de: “paga”)
A esas alturas, ya estaba yo empezando a ponerme muy nerviosa y me he puesto a gritarle. Que ella me había dicho que podía recargar 15, que ya no lo quería, que ya me iba a una tienda de O2.
La otra que nein, que nein y que nein, que eso ya no se podia anular.
Y que yo le había dicho que mi compañía era O2, con seguridad.
– (¡Es que mi compañía es O2! ((¡Que manía!) (¡Pero no necesito 20 euros! (¡Que me voy a vivir fuera! (¡Que usted me ha dicho que podía recargar 15!- (Le he preguntado si podía llamar a su jef@).
En seguida (sofort) ha venido una jefa, preguntando que a que venía el revuelo. Le he explicado a la mujer mi historia, ya harta, con el bebé en brazos, sintiéndome culpable y fatal por gritar y ponerme nerviosa con el bebé ahi, bajo mi barbilla, con la impotencia de que en alemán no me explico tan bien como lo habría hecho en castellano.
Mientras, la cajera me negaba (¡tratándome de mentirosa!), insistía que yo solo le he dicho que estaba segura de que mi compañía es O2. Y yo, ¡que no! ¡Que lo primero que le he preguntado es si podía recargar 15 euros!
– ¿Ah sí? Pues no la he entendido bien.
– Siento que no me haya entendido usted bien, pero lo he preguntado muy claro y no, no necesito 20 euros en mi móvil.
A la jefa no la he visto cara de aceptar mi palabra contra la de su empleada. Así que, harta ya que estaba, con la impotencia de no poder expresarme mejor y encima va el Gusiluz y empieza a llorar.
Entonces me he dado cuenta de que yo no había pagado nada, aún tenía la tarjeta en la mano, y el resto de la compra seguía sin pasar por caja. Nada más fácil que pirarme sin más, y que se apañen. ¡HOMBRE!
He dicho.
– ¡Yo me voy! ¡Tschuss!

Y me he ido a la competencia, que está más o menos en frente. He comprado lo mismo (menos el chocolate), tenían tarjetas de 15 euros, cuyo código de barras ha pasado la cajera por el láser en 1 milisegundo. Y FERTIG!

Luego me he quedado pensando que la cajera del Cüller había entendido en todo momento lo de los 15 euros (vamos, “fünfzehn Euro” no tiene pérdida!), si no, ¿a que venía tanto teclear? Si además, ella misma me ha preguntado: “Entonces, ¿quiere cambiar la cantidad?” Ha utilizado la palabras “umtauschen“, que es = intercambiar.
¡La muy PERRA! Se ha liado, no ha sabido hacerlo, y ha esperado que al ser yo extranjera, con mi pinta de modosita y con bebé colgando, tragaría con su fallo.
¡Pues que poco corazón! ¡Vamos! ¿Cómo le montan una así, a una mamita con bebé a cuestas?

Ya lo sé, vaya rollazo os he soltado, pero tenía que desahogarme.

Mi mesita de noche imaginaria

10 Mar

Hace ya más de un mes que nos mudamos a este nuestro nuevo palacio (65 m2 si llega), sí, el que tiene una cocina grandiosa, vamos, el sueño de toda mamá-repostera-alemana (sin ventanas), así que, con nuestros “kinder sorpresa” (=webos), vamos haciendo poco a poco y nos faltan algunas cosillas.
Eso sí, ya hemos inaugurado una nueva zona “Chill out” en el supersalón. Aunque sin pantalla plana de televisor para ver, a veces la emoción de abrir la “zona Chill out” se evapora, con el anuncio de siempre de mi querido Gladiador, de “me voy a dormir”…ZZZzzzzzz. ¡Siempre igual!
Al menos ayer compramos una cortina (mide un tercio del ancho de las puertas que dan a la terraza), ahora sólo tenemos que comprar unas 4 más, para tapar la puerta de la terraza del salón y la de la habitación. ¡Bien!
Una de las cosas que más echo de menos es una mesita de noche, ¡pero bueno, oigan! ¡Que yo tengo mucha imaginación! (de sobra) ¡y me he hecho una imaginaria!

Mi mesita de noche imaginaria se parece mucho a esta... :-)

Mi mesita de noche imaginaria se parece mucho a esta… 🙂


Así que cuando me voy a dormir, guardo mi imaginario diario, en el imaginario cajón de la imaginaria mesita de noche y digo buenas noches a mi amigo imaginario, ese que tengo desde la tierna infancia. Lo malo es cuando quiero dejar mi no imaginario movil (=despertador) y mis no imaginarias gafas, o mi no imaginario ebook. Entonces hago dos movimientos, el de buscar la mesita (¡que no hay!) 1), y el de dejarlo todo en el suelo, 2).
¡¡Arrrrggghhhh!! Me enerva.
Ayer casi compramos una mesita de noche, pero cuando estábamos en la caja para pagar, con el código en mano, se lo entregamos a la Frau cajera, yo sonriendo como una boba, balanceándome de una pierna a la otra, con cara casi de FELICIDAD, cuando la cajera dijo algo en alemán, que no entendí (ni quise entender). El Borja me tradujo: “que no hay más mesitas de noche de estas, tendrás que volver a intentarlo otro día”.
Así que sigo con mi mesita de noche imaginaria, mi cómoda imaginaria y mi estantería imaginaria. ¡Y mi ropa otra vez al suelo!

P.D: Por cierto, tendrían que ver mi supermegabiblioteca imaginaria (mejor no hablamos de mi sala imaginaria de cine).