Archivo | Rememoranzas RSS feed for this section

Queridos padres de alumnos

26 Nov

Hay mucha gente a la que no le gusta el Facebook (por ejemplo, a mi señor esposo), pero nadie me podrá negar que gracias al Facebook puedes encontrar a personas a las que habías perdido la pista, a las cuales te puede llegar a hacer mucha ilusión encontrar (a veces más de la que te hubieras pensado). También es verdad que pueden encontrarte a ti, y a veces quizás no te haga tanta ilusión (por eso antes no me ponía mi apellido real, pero llegó un momento en que me cansé de que alguna gente se pensara que me apellidaba “Campera”. ¿Estamos locos? ).

El caso es que recientemente he encontrado a una amiga del Instituto. Era mi mejor amiga en primero de BUP, una de las pocas amigas que tenía yo por aquel entonces, durante la difícil etapa del Bachillerato Unificado Polivalente. También hay que decir que hacía apenas un año que nos habiamos mudado a la isla, y todas mis amistades seguían en Barcelona.

Por aquel entonces estaba yo muy delgada (pero mucho, creo que daba grima verme). Yo comía, me preocupaba, pero nada, tenía unas piernas como palos. A la vez llevaba unas gafas que, (atención padres: hoy los padres eligen mejor las gafas para sus hijos que en aquellos maravillosos años) me quedaban fatal (tampoco es que haya muchas que me sienten bien, que una no tiene cara de ANUNCIO DE GAFAS, no).
Así que me gané motes como pueda ser el de “siete huesos”.
Resulta que mi Instituto, sin ser privado, era la novedad del momento. Sí, un instituto nuevo en medio del Campo (con las cabritas), en el que prometían comedor gratis, clases extra-escolares por las tardes y apoyo para hacer los deberes. Todo esto se cumplió sólo el primer año (año de elecciones), nunca más. Pero como la gente de más dinero es la más tacaña (dato que comprobé y contrasté en aquella dulce época), muchos de los hijos de las personas más solventes y acomodadas de la isla, se apuntaron a este Instituto. Vamos, que se llenó de niños pijos.
Sería que ya por aquel entonces habíamos visto muchas películas americanas, con lo que me tocó vivir en una de ellas. Me tocó vivir en 90210 Sensación de vivir, ¡qué narices!
Ya era un síntoma el hecho de que los alumnos tuvieran mejores coches que los profesores.
Así que, en tales circunstancias, reinaba la ley de la “popularidad”. Las que eran más guapas y mejor vestían eran las “populares”, chicas que podían permitirse el lujo de sacar buenas notas (incluso algunas que eran bastante “repelentas”), las que éramos feúchas, éramos empollonas. ¡¡Y no había más que hablar!!
Llegó a fastidiarme tanto aquello de “empollona” (palabra a la que yo no le veía sentido alguno, pues empollona viene de “empollar”, ¿no? = estudiar. ¡¡Y yo apenas estudiaba!! Si sacaba buenas notas era porque tenía suerte, porque se me quedaban conceptos en clase…). Así que, seguí sin estudiar, mientras el nivel iba subiendo y llegó un momento en el que me habría hecho falta estudiar.
Fui un poco imbécil en aquélla época, lo reconozco, pues mi rendimiento bajó bastante, y a la hora del cómputo de notas, me arrepentí totalmente (mis notas tampoco fueron tan bajas, pero podrían haber sido mucho más altas). También es verdad que esas notas me sirvieron para entrar en la Facultad que yo quería, aunque eso sí, en Septiembre.

El último año, el de COU, fue especialmente duro, por diversos motivos…
Nada más comenzar el curso, los profesores nos pusieron firmes, pues en COU había que “currar” y había que mirar hacia la Selectividad. Los profesores subieron el nivel, para asegurarse de que todo el mundo que pasara el curso, aprobaría posteriormente dicha Selectividad. La Física se volvió infernal y la profesora de Filosofía no sé que quería, pero nada era suficiente para ella. Por primera vez tuve que acudir a clases particulares.
Fue al principio de este curso, que nos aconsejaron a los alumnos acudir a una reunión de padres, pues se iba a hablar de nuestra situación y demás dificultades, y como alumnos, éramos los más interesados.
Yo decidí ir, junto a mi madre. Al final había allí pocos alumnos (debían de estar estudiando), aunque en verdad se habló de cosas que nos concernían directamente.reunion

Celebré totalmente haber acudido, entre otras cosas, porque ese día los padres estaban totalmente sembrados.
La madre de una de mis compañeras se quejó de que el curso fuera tan duro y tan difícil, y con estas palabras añadió:
– “Porque a mi hija se le está poniendo el culo cuadrado como una costurera, de tanto estudiar”. 🙂 – Jajaja. La chica estaba echando culo ciertamente.
El padre de otro dijo en un momento dado:
– “Porque aquí todos hemos ido a la Universidad y sabemos lo que es”. – ¿Eyhnnsss??
Jajaja, la mayoría de la audiencia eran campesinos de la isla, camareros venidos a más (típico en una isla turística), empresarios que habían tenido su momento de gloria y ahora les iba bien, a pesar de no haber abierto un libro en su vida, señoras amas de casa esposas de estos señores, cuya mayor ocupación era ir cada 3 días a la peluquería y jugar con sus amigas al Padel (sí, seguramente master en cotilleo sí que tenían), gente normal y corriente (antes la gente iba menos a la Universidad, no por eso eran mejores ni peores) y yo, ¡que todavía no había podido IRRRRR!! ¡Que estaba en proceso!

Pedazo de comentario estúpido, engreído y gilipollas, de un señor con expediente académico, sí, universitario…

Eso es lo que recuerdo de aquella mítica reunión.

————————————————————————————————————————————
PERO, ¿QUÉ FUE DE…?

– Yo engordé como 7 kilos en la Universidad, que me vinieron de maravilla. Se me puso un culo estupendo (¡al fin llenaba los vaqueros!). Seguí pudiendo comer lo que quería (hasta hoy), delgadita, pero bien.
Se me pegó un poco el “buen vestir” de aquellas pijas (combinado con el “hippismo” de Bellas Artes. El estilo que más me gusta es entre “Grunge” y moda “francesa-espanyola”).
Me puse lentillas.
Fui haciendo amistades varias, de las buenas.
Tengo un Blog en el que puedo servirme a gusto.
Tengo un marido muy “príncipe azul” (pero no estoy aquí para presumir de marido 😛 ).

– Una de las “populares”, “guays” o “guapas” de entonces se emparejó (quizás se casó, a tanto no llego) con su novio del Instituto. La última vez que la vi se le había puesto tipo de maruja y cara de monja.

– La del culo de “costurera” ahora vive en Nueva York y esta tan delgada que ni culo ni nada… Pero tiene buen tipo. Le quitaron al fin los aparatos.

– La amiga a la que acabo de re-encontrar se ha quitado de complejos tontos y ahora, sorprendentemente canta (pero que muy bien), tiene un desparpajo asombroso sobre el escenario, baila, estudia interpretación y por lo visto apunta maneras…

– El hijo del “Universitario” debió de ir a la Universidad, no sé (si no, ¡imaginaos qué deshonra!). Posteriormente le vimos trabajando en una televisión (muy cutre) local. Se le había puesto cara, pintas y cuerpo de mostrenco (¿recordáis al monstruo de Frankenstein??).

Anuncios

Personas que tienen que darte su opinión, aunque no se la pidas…

6 Nov

Aunque no te interese mínimamente…
Aunque se note a la legua que estás muy ocupada y absorta en tus temas…

Quizás tendría que crear una Categoría con este título, pues me parece que iran viniendo más y más, pues siempre hay “espontáneos de la vida”…

Si ya os hablé de la señora que me hacía “limpiar los bolsos por dentro“, ahora me ha venido a la memoria, sin saber por qué, un chico con el que tuve una conversación una vez, cuado yo trabajaba en el Carrefour (a las afueras de Madrid).
Ni siquiera recuerdo su cara, ni mucho menos su nombre, pero era un “listillo”…

Hace ya unos cuantos años, trabajaba yo en el Carrefour de “El Minar” (nombre ligeramente cambiado), en la sección de libros y papelería. La verdad es que era un trabajo que me gustaba, en el que me lo pasaba bien, pues estaba todo el día rodeada de libros (los iba leyendo página aquí, página allá cuando no había trabajo, mientras los colocaba), aunque creo que me fastidió las plantas de los pies (desde aquel trabajo tengo unas durezas…).
Al trabajar muchas horas seguidas, teníamos un descanso de 10 o 15 minutos (no recuerdo bien), en el que íbamos a una zona de relax que no estaba mal, con su mesa grande, sus máquinas expendedoras, su microondas… Una de las tardes en las que fui a esta zona de relax me senté en la mesa grande, mientras merendaba y leía mi libro de ese momento, que no era otro que “El nombre de la rosa”… Es aquí cuando apareció el espontáneo en cuestión y empezó a hablarme (lo cual es perfectamente normal, vamos, normal en mi caso, pues casi siempre estoy leyendo un libro, cosa que parece atraer a las personas, a que me pregunten por él, me comenten sobre él, me digan que es su libro preferido, etc…), no importa que no me conozcan de nada, que sea en el metro o en el tren, en castellano, catalán o alemán…
Como decía, ¿y como no? El tipo comenzó a hablarme (para dar más datos, creo recordar que era uno de los guardias de seguridad del centro). Sin más ni más me preguntó:

Quizás sí que hay una edad para ciertos libros...

Quizás sí que hay una edad para ciertos libros…


– ¿Qué lees?

– El nombre de la Rosa.

– ¿Y a estas alturas y tan mayor ya estás leyendo El Nombre de la Rosa? – (Yo tenía entonces 22 años y aparentaba 17 o 18).- Ese libro lo leí yo con 17 -(algo así dijo, no recuerdo bien).-

– Bueno, no sabía que había una edad determinada para cada libro (a parte de los de “Barco de Vapor”, que vienen marcados por edades). Además, me parece que es un libro bastante filosófico, que por cierto, había empezado a leer con unos 18 años, y lo había dejado de lado. Es ahora cuando mejor lo estoy comprendiendo…

Y así continuó la conversación hasta que el descanso terminó y volví a mis quehaceres. Otra de las perlas que añadió el cultivado agente de seguridad, fue que él nunca leía libros escritos por mujeres, que no era por machismo ni nada, sólo que la forma de escribir de las mujeres no le gustaba.

¿Acaso hay una forma de escribir de las mujeres que difiera de la de los hombres? Yo no lo veo así. Me gustan los últimos libros de Ken Follet, y creo que si una no supiera que el autor es un hombre, podría perfectamente pensar que estaban escritos por una mujer… Así como que muchas mujeres han tenido que utilizar en su momento pseudónimos masculinos (quizás precisamente para ser más aceptadas), y nadie se ha dado cuenta.
Sí que creo que puede haber escritoras como Isabel Allende o Laura Esquivel, que tienen una sensibilidad femenina muy particular, lo cual las hace especiales. Yo creo que el muchacho se refería a ese tipo de literatura, que era la que en concreto no le gustaba, pero poco sabía él de autores/as, porque no todo lo escrito por mujeres tiene algo que ver con el “Realismo mágico”, y también hay muchos escritores varones que han trabajado este género.

Tendría excusa el chico o no la tendría, pero el comentario sonó fatal y machista (aunque él dijera que no lo era). Eso sí, en lo que sí que no estoy nada de acuerdo (y en su momento me dio rabia), es en que hiciera burla de que yo leyera “El nombre de la rosa” en aquel momento, un libro perfectamente adulto, que se puede leer en cualquier momento, a cualquier edad (mejor adulta) y que además es uno de los libros para releer…

¿Y vosotros? ¿Qué opináis de todo esto?

Galicia

27 Jul

Yo nunca antes había estado en Galicia y llegar a ella caminado, fue simplemente mágico.

A veces reservas las cosas mejores para el final, para degustarlas mejor. A mi me supo a gloria entrar en tierras gallegas gratificantemente cansada. Mi corazón experimento una gran emoción.

Mi camino de Santiago partió de Burgos (a caminar caminar, comenzamos un poquito más alante). Unos 450 kilómetros nos dispusimos a hacer en las dos semanas que teníamos para ello (el Borja no pudo conseguir más vacaciones seguidas).
Siempre me alegraré de haber hecho el máximo de kilómetros seguidos en nuestro camino, pues cuanto más tiempo estás en el Camino, más lo vives, más lo sientes, más formas parte de él (a mi, ir de Sarria a Santiago lo siento, pero no me vale).
Y nosotros somos a veces un poco extremos (más el Borja que yo, pero cuando yo saco la garra…). Así que hubo días que hicimos veintipico kilómetros (lo normal), otros, treinta y alguno 40 (si no, no llegábamos a tiempo y la vuelta era en avión).
Cuando empezamos el camino, queríamos caminar rápido, yo estaba un poco obsesionada con lo de no encontrar plaza en los albergues, así que incluso adelantábamos… Nos dejamos contagiar un poco del espíritu “Pekin express”, cosa mala.
Entonces vinieron los tirones en las piernas y decidimos aflojar (en realidad no hacía ninguna falta lo de obsesionarse). Una de las veces en las que estábamos con este afán de llegar los primeros, el Borja me comentó:
– Mira que somos competitivos…
– Si, yo más que tú.
– Jajaja, nos reímos los dos (hasta en este comentario se refleja el afán competitivo).

En lo que va de camino pasas por una gran diversidad de paisajes… Primero, las llanuras de Castilla, que parece que no acaban nunca. Llega un momento en que se hacen aburridas, aunque camines en llano, cansa mucho. El paisaje es bastante árido (en la época del año en que por allí pasamos), con trigales. En algunos tramos algún viñedo, en otros, zarzamoras.

Conocimos gente que llevaban caminando desde Saint Jean de Pied de Port y nos contaban como habían ido viviendo ellos los cambios de paisajes… Este de Castilla se les empezaba a hacer repetitivo.
Entre la gente variopinta e interesante que llegamos a conocer, se encontraban una Suiza muy valiente, que llevaba caminando desde Suiza (llevaba unos 3 meses en el camino). Cargaba un mochilon enorme, que incluía una tienda de campaña… A esta chica la acompañaba un muchacho valenciano, que se parecía mucho a Jesucristo, aunque lo más curioso de este chico, no era su semejanza con Jesucristo, sino que no hablaba (ni pío decía) y que hacía el camino descalzo.

Luego había dos chicos vascos (muy jóvenes) encantadores, que habían aprovechado la situación de quedarse en paro, para hacer el camino sin prisas, les llevara el tiempo que les llevara.

Cuando se empieza a llegar a la zona de León, es cuando el paisaje comienza a variar de verdad. Por un lado, vienen las bonitas ciudades de León, Astorga, Ponferrada (en cada lugar íbamos probando las comidas o dulces típicos). Seguidas de los viñedos de Vilafranca del Bierzo (aquello es precioso, una se imagina que la Toscana debe de ser algo parecido) y muchos puentes.
En Vilafranca del Bierzo fue donde escuchamos las mágicas palabras “piscina fluvial” y allí que estuvimos disfrutando de una tarde en el río, con el grupito que nos habíamos hecho.
También fue en este pueblo, justo delante de la Puerta del perdón, donde nuestro “amigo” “Jesucristo” recuperó el habla. Y mejor habría seguido callado, pues no decía nada bonito (estaba enfadado porque los del Albergue les habían negado utilizar las duchas, si no iban a pagar por alojarse, o algo así).
En Vilafranca ya te sabes casi a las puertas de Galicia… De camino, degustamos quizás la mejor empanada que hayamos comido nunca, en una panadería que estaba en los bajos de una casita, en medio del campo. Y según nos seguíamos acercando, ¿cómo no? Incendios de fondo (casi cada verano hay algún incendio, ¿no?), creo que no era nada especialmente grave y estaba controlado.
Poco antes de llegar a O´Cebreiro, ya nos inundaban las gaitas. Esta etapa es especialmente dura, que son muchos kilómetros seguidos y gran parte es cuesta arriba. Las gaitas ayudaban. http://youtu.be/-PVwf6nssoQ
Cuando crees que ya no puedes más, entonces ves el cartel que anuncia que ya has entrado en GALICIA. Este quizás fue el momento más emotivo para mi de todo el Camino. Me emocioné verdaderamente.
Ya entrados en Galicia, los paisajes son de bosques misteriosos, en los que te puede salir un Duende, un trasgo o una Meiga en cualquier momento.paisaje gallego
Nosotros teníamos la broma de poner voz de duende y decir:
Hola, soy el duende del bosque… Dame todo tu dinero!!
Otra cosa que nos llamó la atención de Galicia, es que los albergues públicos estaban muy bien, con buenas instalaciones y muy muy económicos.
En fin, que cuando nos quisimos dar cuenta, estábamos en Santiago, un poco extrañados por haber llegado al final, pues nuestros pies ya no querían parar de caminar y era raro decirles que parasen, que ya estaba.

******Mas cosillas del Camino:

– La gente te anima. Las palabras claves son: “BUEN CAMINO“. Son unas palabras que se dicen unos peregrinos a otros, que te dice la gente de la calle cuando pasas. Preciosas palabras que te llenan de vitalidad.

– Hay gente que pone puestos fuera de su casa, con frutas, agua, etc… Que ofrecen gratuitamente a los caminantes cuando pasan. Un detallazo.

– Mil y una veces me vino a la mente el poema de Machado de “Caminante no hay camino, se hace camino al andar…”

– El Borja se había conseguido un sombrero de paja en Sahagún, que le daba un toque muy de Cowboy. Uno de nuestos companyeros de viaje, un aragones muy divertido, se lo decía constantemente. En una de estas, pasamos por delante del jardín de un paisano, que se encontraba a las puertas de su casa. Este colega nuestro le dijo:
“Oiga jefe, ha visto el caballo del muchacho? Es que lo hemos perdido.”
“Pues no, pero si lo veo lo ato aquí a la verja! Para que no se escape!”
“Eso eso, átelo usted a la verja, para que podamos venir a recogerlo.”

– En Foncebadón nos recomendaron un Restaurante medieval, “La Taberna de Gaia” espectacular. Donde te ponen la carne en un plato de pan (el plato es el pan, el pan es el plato). Qué cosa más buena.

*************************************************************************************************************************************

Dedicado a Galicia. Mis ánimos y mejores deseos en estos momentos duros.

El año que limpié bolsos por dentro

31 May

Aunque sé que a mi padre le hubiera gustado que estudiara yo una carrera mas práctica y lucrativa (en aquél entonces, ahora no lo es ninguna) como “ingeniera de canales, caminos y puertos”, o al menos arquitectura… A mí se me metió en la cabeza, pero desde bien chiquita, que yo quería ser artista (pero quería ser arista callejera, para pintar retratos a los turistas en el paseo marítimo). El caso es que finalmente estudié Bellas Artes y pasé 4,5 de los años más maravillosos de mi vida manchada de pintura, respirando aguarrás, rodeada de bohemios (tanto auténticos como gente que iban de bohemios, los cuales eran la mayoría, que le vamos a hacer), yendo a exposiciones, viendo mucho cine, respirando ambiente artístico por todos los rincones…
Pero cuando acabé la carrera, todo eso acabó también, pues había que ganarse la vida y desde entonces, no tuve excesivamente suerte en lo de encontrar trabajos artísticos (alguno sí, mi primer trabajo fue el mejor de todos, pero ya hablaré algún día de esa experiencia) y terminé haciendo de casi todo (dentro de contextos legales y lo suficientemente dignos).
Tras pasar mi etapa madrileña de 5 años, en la cual la vida me dio por todos lados, supe lo que era comer del mismo potaje de garbanzos todos los días de la semana y di bandazos de un trabajo a otro (y eso que aun no había llegado la crisis mundial), volví a la isla donde viven mis padres, a reponer fuerzas, dejarme cuidar un poco y descubrir lo que es volver a ser adolescente con 27 años, después de haber pasado 5 de madurez a la fuerza.
Encontrar un trabajo en una isla turística puede ser todavía mas difícil, a no ser que quieras ser camarero (se me da fatal), o hables buen inglés y alemán (en aquél entonces yo no hablaba alemán), si además no tienes carnet de conducir, estas un poco “screwed up”, que dirían los americanos (jorobado, vamos). Así que, tras meses de no encontrar nada, finalmente me ofrecieron un trabajo en una tienda de bolsos, cuyo dueño era el socio de mi tío, al ladito de la Pizzeria de mi querido familiar.
Era una tienda cutre de bolsos, pequeña, con bolsos de marcas “notifxis”, aunque eso sí, de cuero (eso creo), en pleno paseo marítimo, por el que pasan los turistas a comprar Souvenirs (NO BOLSOS, A QUIEN SE LE OCURRE??).

Bolsos sin marcas conocidas, pero bien limpitos...

Bolsos sin marcas conocidas, pero bien limpitos…


La compañera era una señora de unos 50 años, amiga de mi tío y su socio (no descartaría que antiguamente hubiera tenido algún tipo de relación mas “fluída” con cualquiera de los dos, o de su pandilla), bastante cascada, con unos labios que parecían operados, pelo corto,bajita, con michelines por todos lados, pero que se creía que podía abasallarme y tratarme como yo su fuera su “esbirra” (eso me ha pasado unas cuantas veces a lo largo de mi vida laboral, da que pensar), o echar todas sus frustraciones sobre mí.
Como no había mucho que hacer en esta tienda (sería una tienda tapadera?), la buena mujer ejercía de jefa (a mi nadie me dijo que ella fuera la jefa en ningún momento) y me hacía limpiar constantemente, por mucho que ya hubiéramos limpiado, las estanterías y los bolsos, como poco 3 veces a lo largo del día, una y otra vez …
De vez en cuando me escapaba al local de al lado (la Pizzeria de mi tío), para ir a buscar un aperitivo para las dos, un refresco o lo que fuera, y allí me encontraba con los empleados de la Pizzeria, colegas mios (y de mi familia) de siempre. Estos me vacilaban constantemente, preguntándome:
– Qué? Has limpiado ya los bolsos por dentro?
– JAjajaja. Que broma tan buena, respondía yo (la verdad es que lo era).

Esta mujer era toda una filósofa de la vida y se pegaba unos monólogos impresionantes. Me hablaba constantemente de su sobrina “Morticia” (nombre ligeramente cambiado) y de sus éxitos. Como si quisiera comparar a su repelente sobrina conmigo, para intentar dejarme siempre mal a mí. Que si esta había terminado su carrera de derecho con buenísimas notas, que si la habían contratado en un prestigioso bufete de Las Palmas… Utilizaba los supuestos éxitos de su sobrina (bueno, yo nunca los contrasté) para tapar su vacío existencial (mujer soltera, de unos 50 años, cascada ya, sin un hombre que la vuelva a mirar, trabajando en una tienda de bolsos destinada al fracaso, de una avenida turística en la que no entra nadie, y sin mayor aspiración que la de mangonear a una muchacha de 27 años, con sueños algo más artísticos).

Pero que agonia de mujer...

Pero que agonia de mujer…


Intenté que me cayera bien la señora (bien sabían los bolsos relimpios que lo intenté), pero la verdad es que me llegó a sacar totalmente de quicio.
Cuando más se pasaba, era cuando me preguntaba por mi futuro, que qué pensaba yo hacer… Se empeñaba en que lo que no hubiera conseguido antes de los 30, ya no sería capaz de conseguirlo. No podría estar yo más en desacuerdo. Quizás ese fue su caso, pero la vida es muy larga para poner una barrera de imposibilidad en la treintena, Y PARA LIMPIAR BOLSOS y estanterías constantemente!

Hay quien llamaba a esta mujer “cara de pato”, y quien ni siquiera sabía de su existencia. No sé que habrá sido de ella, pero espero que no se haya dado a la bebidal (tenia muchas cartas).

Este trabajo me duró entre mes y medio y dos meses (se dieron cuenta de que la venta de bolsos no daba para dos sueldos) y la tienda cerró al poco tiempo.

Después vino una tienda de bañadores brasileños de mi tía (otro fiasco).
Actualmente el local está alquilado a una empresa que tiene pececitos de esos que te hacen masajes y se comen tus impurezas.

Yo seguí enlazando trabajos varios, que incluyen apasionantes aventuras en el aeropuerto (pero eso podría explicarlo en otro post) y me llevaron al complejo mundo de “Las agencias de viajes” (otros posts), donde estaba justo antes de emigrar.

Por cierto, tengo mas de 30 años, y todavía tengo aspiraciones en la vida.

Dejen sus opiniones en “Comentarios”, por favor. 🙂