Archivo | febrero, 2013

Yo pinto

24 Feb

Esto lo escribí una vez, y por ahi lo he encontrado. Parece pertenecer a otra vida, pero bueno, lo recupero, esperando recuperar también las ganas de pintar, dibujar, volver a coger la mano que tan perdida tengo…Es serio, advierto…En realidad no es un texto, es un cuadro…

YO PINTO

Coloco un nuevo lienzo en mi caballete.
Lo miro mientras se halla esperándome, blanco, puro y fértil. El virginal lienzo, pedazo de tela imprimada, tensada y clavada mediante unas vulgares grapas a un antes vacío bastidor de madera.
Lo asalto con una mezcla de incertidumbre, ansias por corromper su inmaculada presencia, así como un cierto miedo ante lo desconocido, cual antiguo colonizador en tierras por descubrir.
Dejo que mi mente guíe a mi mano y ésta al grafito, mientras bosquejo el inicio de lo que será una larga fecundación.
Me recreo en la línea y el dibujo tranquilamente, como si dispusiera de todo el tiempo del mundo. Me alejo, lo estudio, percibo fallos en la proporción. Borro, paso el paño, y vuelvo con mayor determinación.
Unos simples y apenas perceptibles garabatos comienzan a cuestionar por primera vez el blanco de la superficie, pidiendo a gritos: – ¡¡Mancha!!
Abro el maletín, como si de un magnífico cofre del tesoro se tratara. Está lleno de tubos de colores, pinceles de casi todos los tamaños. Es curioso el hecho de que todavía posea esa capacidad de sorprenderme, cual niño pequeño, ante la amplia gama de utensilios envueltos en llamativos diseños que te permiten desarrollar la creatividad y “pringarte” a gusto.
Ya como adulto, pienso: – ¿no es maravilloso que las marcas de material artístico se denominen “Van Gogh”, “Rembrandt” o “Windsor and Newton”? (me pregunto quién sería éste último).
Cojo la paleta señalada con miles de huellas, que son las marcas de tantos cuadros a sus espaldas…
Entonces comienzo a distribuir los óleos en ella, desde el blanco de cinc hasta el azul de cobalto. Una gama de ocho colores que considero esenciales, entre los que nunca estará el negro, pues es sabido que todo pintor medianamente aceptable ha de ser capaz de obtenerlo a partir de los tres primarios.
Mmmm, ya me viene el olor de la trementina recién vertida en el bote de cristal (en realidad, los pobres utilizamos aguarrás, que viene a ser lo mismo, pero las palabras “esencia de trementina” quedan infinitamente mejor).
Creo que ése es el momento en que tengo menos miedo. Hundo el previamente mojado en trementina pincel, entre los churretes de pintura, noto cómo se impregna, y: “zas”, mi mano roza el pincel contra la tela, con movimientos rápidos.
Me suelto y comienzo a realizar manchas generales, sé que siempre estaré a tiempo de añadir o quitar pintura (el acto de pintar no es tan diferente al de modelar la arcilla).
Voy viendo resultados, lo que me anima a continuar.

Ese marrón ha de ser más rojizo, ahí hay una sombra arrojada que contiene parte del color complementario del objeto en sí. Si añado carmín a ese azul lo oscurezco, con lo que el bla

Óleo sobre lienzo

Óleo sobre lienzo

. Ese naranja destaca poco en contraposición al rojo bermellón que lo limita, creo que le añadiré algo de azul.
Durante toda esta vorágine, me doy cuenta de que han transcurrido varias sesiones y el cuadro ya ha tomado forma. A esas alturas siento cómo me he fundido con la obra, me he implicado de tal manera, que miro y encuentro pintura en el lienzo y en mis manos, en mi pelo y mi mono. Descubro frente al espejo, que mi cara está manchada de verde. Me encanta esa sensación. Soy una persona que necesita percibir el material, vivir plenamente lo que está haciendo. No sería capaz de pintar con guantes de látex en mis manos, no soportaría tanta esterilidad.
A esas alturas, llega el momento crítico, hay algo que no me convence, he de estudiar bien de qué se trata.
La obra iba por buen camino, pero le falta ese punto, ese toque que la hará parecer terminada o no.
Me encuentro en la encrucijada que existe entre dar el “toque maestro”, o tirar por la borda horas y horas de trabajo, por un mal gesto.
Odio ese momento, me gustaría dejar los cuadros así, sin terminar. Además, ¿quién decide cuándo una obra está terminada y cuándo no?, es algo tan relativo…
Me dan ganas de tirar la toalla, y puede transcurrir un día, dos, o incluso más, sin que sea capaz de tocar de nuevo el cuadro.
El óleo se va endureciendo en la paleta, hasta que llega un momento, en que me armo de nuevo de valor, me arriesgo, y meto el pincel con ímpetu.
Quedaba más trabajo del que pensaba, todavía hay que añadir saturación en algunas zonas, luminosidad, volumen en otras.
Cuando me quiero dar cuenta: “Voilá”.
Sonrío…
Ahora sí está terminado.

Stuffen 04.

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El secreto de su éxito…

17 Feb

Las películas “El secreto de su éxito” (con Michael J. Fox) y “El diablo viste de Prada” (con Anne Hathaway) son dos películas que me gustan (sí, sencillas, entretenidas, pero para mi gusto están bien), ahora bien, que tu pareja comience a convertirse en el protagonista de ambas, ya empieza a ser cansino, y esto no es más que el principio…
Si al menos viviéramos en Nueva York, como los protagonistas de estas pelis, quizás sería más llevadero.

Cuando no te sale una palabra…

10 Feb

A veces estoy hablando en alemán con alemanes, y me atasco porque no me sale una palabra en concreto. Estoy en un punto el el que quiero decir esa palabra en alemán, porque sé que la sé, pero está enterrada en el fondo de mi cerebro y la puñetera no quiere salir. Normalmente, esto generaría una sensación de impotencia total, pero ayer me di cuenta de que también es muy divertido, el hecho de ver las caras de los alemanes, esperando a que esa palabra salga, intentando hacer telepatía conmigo, tod@s juntos con cara de esfuerzo (yo incluída, claro) y expectativa… Luego, total, al igual para que diga yo ¡una tontería! No tiene precio. Estoy pensando que alguna vez hasta podría hacerlo a posta. Mola. 🙂

Va, que voy…

6 Feb

Intentaré ser breve, porque no tengo mucho tiempo (ni quiero aburriros), pero creo que ya va siendo hora de que explique un poco lo que ha ocurrido estos días…
Lo último que escribí era bastante triste, disfrazado de humor, pues no dejaba de ser cómico, con mi flamante profesora Kazajstana de horrible acento ruso y preciosos dientes de oro (un diente por cada alumno, que decía un amiguete mío).
En pocos días fui como a 5 clases distintas, en distintos centros y con distintas profesoras (dos de ellas en mi antigua escuela en Castellnou de Danubi, primero a hacer el examen, luego a ver la nota), pues al final tenía un lío y andaba yo más descolocada…
El caso es que como la profesora kazajstana no me satisfizo, encontré la otra escuela cuya profesora, aunque era polaca, era bastante buena (con poco acento), lo malo era que tenía que esperar a empezar mi tercer módulo hasta el 18 de febrero, que la clase era demasiado masificada y que tenía para rato, pues no iban a terminar el curso para el nivel B1 (lo mínimo que necesito) ¡hasta NOVIEMBRE! Eso es mucho tiempo.
Sin embargo, no tenía mejores perspectivas que esa y cuando ya había aceptado este sino, me dirigí a la academia de la Kazajstana a decir que no iba a ir más, que me borrasen, pues en la otra escuela me habían comentado que al haber asistido solamente un día, no tendría problemas…
El señor que me atendió (que todavía dudo de si es el dierctor, el secretario o el dueño, o tal vez el capo de la mafia kazajstana) me empezó a decir que las cosas no eran tan fáciles como yo creía (medio en alemán medio en inglés, con acento también como kazajstano o uzbequistano), que en la otra escuela me habían mentido porque me querían de alumna, pero que bueno, que él me lo iba a arreglar.
Mientras buscaba mis papeles insistía en que hay que ver con el trabajo que le había hecho hacer y la de emails que se había intercambiado con mi esposo…
Luego empezó a decir que si en Nuremberg le iban a poner problemas (¿qué tiene que ver Nuremberg con nada?), pero que él me lo arreglaba.
Que normalmente al haber ido una vez a una clase, me tendría que aguantar y terminar todo el módulo, a lo que yo le contestaba “perdone, pero creo que tengo derecho a decidir a qué escuela quiero ir” (en la otra escuela me habían dejado ir a una clase de prueba, creo que es lo normal).
Mientras tanto, me preguntó que si me cambiaba porque no me gustaba el horario, “sí, claro, el horario…”, contesté yo, “ya, claro, essszz un horario un poco exsszztraño” , decía el señor (de 10:50h a 15h, ya me diréis…).
Bueno, pues cuando encuentra mi expediente, me dice que no hay problema, que puedo dejar de ir, pues ni siquiera había llegado a firmar la inscripción (¡bien por mí!). Pero claro, se lo pedí por escrito…
A estas alturas el hombre ya resoplaba, que por qué se lo hacía todo tan complicado, que con el trabajo que les había hecho hacer (dios mío, contestar a dos o tres emails es un trabajo de narices).
Al final me cansó el tipo y le dije:
– Ya, pero usted tampoco me avisó de que la profesora era rusa (bueno, kazajstana).
En ese momento el señor se puso rojo de repente y sentí miedo (es un decir, que una es poco miedosa), sentí que venía un Tsunami, sentí que se transformaba en el hombre-masa. Empezó a decir que qué me creía yo, que en todo Inglopaff no había más que tres profesoras alemanas y que si encontraba a una, que fuera a decírselo. Que llegamos los inmigrantes en masa (como si él no fuera inmigrante, que el acento se le notaba ¡hasta callado!), exigiendo, con lo poco que pagamos (120 euros por módulo pago yo, + 120 euros que paga el Gobierno, no está tal mal), que si me creo que una profesora alemana va a estar dispuesta a cobrar tan poco… Rematando con la genial frase:
– Y que sepas que esta profesora es la mejor profesora de alemán de todo Inglopaff.
– Oh mein Gott – , no pude evitar contestar.
Me dijo también que todos los alumnos que iban a su escuela sacaban luego las mejores notas en los exámenes (pues esta profesora, según el cuadro de profesores lleva en la escuela sólo desde el 2012, así que no sé cómo puede saber lo preparados que van los alumnos con ella).
El caso es que me dio mi papel firmado, conforme yo no había asistido a esa clase (o escuela) y espero no tener más problemas con ellos, ni con la Mafia del Este del lugar.

Al día siguiente, fui a decir a la segunda escuela que me guardaran la plaza, pero que de aquí a mediados de Febrero, si encontraba algo más rápido se lo haría saber.
Pues se me ocurrió llamar a la escuela a la que yo quería ir (es la VHS, que viene a ser como la escuela del pueblo, vamos, una escuela no privada, mucho más limpia y fuera de mafias), para preguntar que aunque ya sabía que no tenían plaza, si terminaba este tercer módulo en la otra escuela, si quizás me dejarían unirme al cuarto. La señora que me respondió al teléfono, muy amablemente me dijo que por supuesto, que el cuarto módulo comenzaba el 18 de Febrero, a lo que contesté, ya del todo agobiada:
– ¡No puede ser! ¡Ese día empieza el tercer módulo en la otra escuela! ¡Ya nunca podré alcanzaros!
La buena mujer me dijo que no me preocupara, que si yo quería, me iban a dejar ir a esta escuela desde ya.
– ¡No puede ser! ¡Si me dijeron que no había plazas!
En este punto, la mujer me preguntó que cuál era mi lengua materna y por arte de magia comenzó a hablar en un casi perfecto español (¡era una hada!), me dijo que no, que no había plazas, pero que como había gente que no asistia a las clases, si yo quería, podía hacer una prueba al día siguiente, y si me gustaban las clases, me darían una plaza para mí (en este punto ya no sabía si alguien había interferido, si era un milagro, si se trataba de la directora, alguien resolutivo por fin, o qué). Así que le di las gracias, colgué el teléfono y me eché a llorar (de emoción, de gratitud, de no poder más) casi sin creérmelo.
Al día siguiente fui a la clase… Ya llevaban más de medio nivel estudiado (menos mal que el día de antes me repasé rápidamente medio libro), pero me pude enganchar bien. Es un grupo reducido, de unas 12 personas, y van a muy buen ritmo. Todos siguen muy bien la clase y aunque no me vi con problemas, me tengo que poner las pilas para no quedarme atrás (he perdido unas 3 semanas de clase, según calculo).
La profesora es majísima (polaca pero con apenas acento, vamos, yo no se lo noto) y los compis de todos lados otra vez (aunque somos 4 españoles nada menos), todos muy formalitos y aplicados.
Así que yo contenta por haber conseguido (y yo sola) lo que de entrada me pintaban como imposible.
A todo esto, que la señora de teléfono, efectivamente era la directora (en buena hora me cogió ella el teléfono) y le llevé una cajita de bombones para agradecerle tan buena acción.

Mientras tanto, pues estamos de mudanza, con todo por medio, nuestros armarios no estarán hasta el 18 de Febrero (¡me pongo mala!).

¿Os he dicho ya que estamos de mudanza?

¿Os he dicho ya que estamos de mudanza?

Todo es un caos y aquí nadie tiene tiempo de nada… Y yo, estudia que te estudia, y haciendo deberes y más deberes.

Al final me he extendido más de lo pretendido, pero es que la historia era larga.

Hoy es el cumpleaños del Borja. Alles Gute zum Geburstag (aun no ha llegado).

"Scheiße de mudanza" ...

“Scheiße de mudanza” …