Clase de esgrima un pelín rara…

16 Oct

La clase de esgrima de ayer fue un poco rara…
Sí, primero nos encontramos (o reencontramos) con nuestro viejo conocido Gastor, un maestro húngaro que conocimos en aquellas lejanas tierras hace ya algunos años… Pues parece que está en un club de la capital, y va a venir los Lunes a darnos un poco de clase a nosotros (¡bien!):
-Jó napot!
-Jó napot kívánok *
Sí, el mundo de la esgrima es bastante pequeño…
Bueno, nos hizo ilusión, aunque para mi gusto, este húngaro es un poco jeta, pero bien es cierto que, que te de clases de esgrima un maestro húngaro siempre es algo bueno.
Parece que nuestro Gastor se había traído a una floretista (rubia) del club de Munich.
Mientras calentábamos, comprobamos que había gente nueva, lo que llamamos, “de iniciación” (novatos que no saben aun nada de esgrima), con la alegría para mí de que uno de ellos era ¡andaluz!, de Jaen nada menos (¡bien, bien!).
Claro, le ayudamos un poco, le explicamos esto y aquello…
Entonces nos separaron a los novatos de los no tan novatos, pues Gastor nos iba a dar una clase a los no novatos. La clase fue de florete y estuvo bastante bien.
Después estuvimos tirando un poco, bueno, lo de siempre…
El broche de oro de cada clase, viene dado siempre por el dichoso partido de fútbol (¿tiene que ser fútbol?). Yo siempre me intento escaquear, pero nunca hay manera, así que acabo poniéndome de portera (normalmente funciono bastante bien).
Entre que nos decidíamos o no… Gastor y la rubia floretista de Munich estaban haciendo pucheritos y cogiéndose de las manitas (“estos dos tienen rollo”, pensé).
A todo esto que los novatillos se fueron y oyes, ni gracias jienenses ni nada.
Finalmente, no me pude zafar del partido (nunca puedo) y ahí que me puse, en la portería (mi portería) .
A los pocos minutos del partido, la rubia floretista de Munich dijo que se iba a la ducha, que ya no jugaba más (¿ella se puede ir y yo no?, jorrr).
Durante el partido, resultó que el bueno de Gastor, a parte de ser un poco caradura (sí es que se le ve, se le ve…), era habilidoso con el fútbol y comenzó a meterme goles, engañándome siempre con una gran chulería…
¡Me colaban los balones por entre las piernas! Esto no me había pasado nunca. Poco a poco me fui enfadando, enfureciendo, irritándome (a ver, si saber, sé perder, pero otra cosa es que la bacilen a una).
El caso es que cuando al final acabó el partido, me fui bastante “cabreadilla” al vestuario y cuál fue mi sorpresa (y fin del “cabreo”), cuando me encontré a la rubia floretista de Munich, todavía con la ropa de esgrima puesta, llorando desconsoladamente como una magdalena.
Afortunadamente hablaba inglés.*******************
Le pregunté si estaba así por el partido, a lo que me contesto que no.
Le pregunté si la podía ayudar, a lo que me contestó que no.
Así que no sé, no sé…
Después de todo, se secó más o menos las lágrimas y se duchó y vistió. Más tarde, Gastor estaba llamándola con cariñitos desde el otro lado de la puerta…
Y yo me pregunto: ¿que paso ahí? – Ich weiß nicht…**

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* Jó napot: = “a las buenas tardes” (en húngaro)
** Ich weiß nicht= No lo sé (en aleman)
******************* Obviamente, la chica de la foto no es la floretista rubia de Munich, pero lloraba igual de desconsolada, vistiendo la misma ropa que la espadista Shin A Lam (pobrecita), que tuvo un percance bastante fuerte con su arbitraje-control de tiempo durante las últimas olimpiadas.

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